domingo, 21 de julio de 2013

Fin del mundo


México, D.F.
Surya Lecona
Colectivo Nelumbo Lucifera



Metales, son metales en diferentes formas y tamaños. Algunos con vida otros sólo son trozos de algo más. Viene un pequeño robot hacia nosotros atrapado en una pirinola transparente, lo esquivamos y cae a unas casas vecinas sobre el asfalto, gira, gira y se acerca. Lo pateo y sigue girando.

Los metales siguen cayendo, de un momento a otro la calle está llena de ellos. Miro al cielo y no puedo evitar esquivar todos esos grandes trozos. Al entrar a la casa mis padres están en pánico. Buscan de cualquier forma comunicarse, pero todo está inhabilitado, todo. 

Pronto viene una tormenta de objetos metálicos con lluvia, yo subo a quitar todo lo que obstruye la coladera. No lo consigo. Casi me cae una defensa de auto en la cabeza. Al principio fueron metales extraños, como si los satélites espaciales hubiesen estallado y todas sus partes cayeran hacia la tierra, ahora son autos, camiones, y aviones en partes. 

Tenemos la suerte de que hasta ahora no nos ha caído nada directamente. Pero ¿esta extraña lluvia de objetos metálicos no va a parar? Se escuchan los gritos de los vecinos cuando son alcanzados por algún metal. Dentro, en la casa, ya no somos sólo mis padres y yo. No vi en que momento ni cómo llegaron tantos familiares.

Es de noche. No conseguimos dormir ni un segundo, escuchamos el impacto de todo lo que cae y eso nos altera. Los niños, algunos lo consiguen pero tienen pesadillas. Por la mañana la casa parece un refugio, dormidos en los pasillos, en los espacios comunes, las recámaras a reventar. Todos entramos en pánico cuando los niños entran corriendo diciendo que un avión estuvo a punto de caer completo sobre la casa. Decidimos por la resignación contar historias, ¿alguna vez antes pensamos en cómo sería el fin del mundo?  Todos sentados en la sala, en el sillón, sillas, en el piso sobre cobijas y cojines. Hay historias muy coquetas, bastante simpáticas. Todos estamos atentos a cada nuevo relato. Incluso conseguimos la risa. Hasta que una moto se estrella en la ventana y los barrotes se rompen. La moto la manejaba un joven que grita y sangra. Nos llevamos a los niños a las habitaciones mientras los adultos hacen supongo, algo sensato. 

Todo va bien. Hasta ahora hemos tenido suerte. Pasó un día y sobrevivimos. Ahora vemos aviones en el cielo van de un lado a otro, chocan con los metales que caen del cielo y caen con ellos. Dos aviones se estrellan muy lejos, en la altura, caen, caen y van acercándose, finalmente la trompa de uno de ellos aterriza, roza la azotea y cae en el jardín vecino. El sonido fue horrendo y estremecedor. 

En un momento todo empieza a cuadrar, mi mamá con su mandil, mis tías lavando cacerolas y mi papá pone una escalera de metal y se asoma a la casa vecina, el avión con pocos pasajeros, todos sobreviven. Mi padre llama a los niños, los usa como topos, los aconseja para brincar a la casa vecina que parece que está sola y traer las bolsas que hay dentro de la trompa de avión. Las bolsas contienen camarón. Mi madre construyó un congelador con piezas de metal y... ahora que lo pienso no serviría de nada sin luz. Pero lo hizo. Era mucho camarón, alcanzaría para todos. Incluso los extraños que venían en el avión. 

El cielo sigue lloviendo armatostes y parece una guerra de galaxias ahí arriba. Mucho movimiento. El olor de camarones y ajo también comienza a poblar el espacio. Yo no dejo de mirar hacia arriba pensando en todo eso que debemos esquivar. El cuello me duele.

Mi padre sube de nuevo a la azotea a ver que no se obstruya la coladera y un trozo de algo que parece un ala de avión le cae en una pierna. Pido ayuda y entre varios consiguieron bajarlo mientras dos de los doctores le operan la pierna. La pierde. Pero está bien, se siente vivo y eso es lo que a todos nos importa, seguir vivos, sobrevivir. De no haber despertado conseguiría probar esos camarones que se me quedaron impregnados en el olfato al abrir los ojos. 



Coda

La única explicación racional que encuentro a este sueño, es una antena gigante a una altura de 25 metros que están construyendo en la casa de mis vecinos de en frente. ¿pudiera ser esto lo que desató el fin del mundo de anoche?

domingo, 14 de julio de 2013

Sandímangado

México, D.F
Surya Lecona
Colectivo Nelumbo Lucifera

- Sí señor, deme ese mango
- Le he dicho que no está a la venta
- ¡Pero está en exhibición!
- Usted me disculpará. Pero ese mango es lo que comeremos durante la semana mi familia y yo.

Al salir de la miscelánea comenzaron a lloverme ideas macabras para conseguirlo. Podría hurtarlo, lo más sencillo, podría comerlo a escondidas detrás de los anaqueles, pero entonces...

Durante la conferencia sólo pensé en aquel mango, era el mango más dulce del mundo, el más encantador, fue en su momento el más cotizado del mercado. Muchos se dieron por vencidos, muchos como yo, tramamos aún el rapto.

La conferencia se alargó una vida, comenzaba a olvidarme de mi mango, a dejar de extrañarlo, de cerrar los ojos y saborearlo, comencé a dejar de buscar en mis rincones cómo seducirlo. La conferencia me estaba matando, entraba en letargo, en suspensión. Mis brazos abrazan algo en forma de sandía, pero no podía ya recordar lo que era ni su sabor, estaba a punto de olvidar que tuve en mis manos el mango más exquisito de la historia, el más dulce, el más grande e infinito.... Inasequible.


Coda

Quizá será que algunos estudios del sueño sean ciertos, hayan atinado o simplemente coincidencia. Al día siguiente de mi mango, encontré uno en un mercado, así, caminando sin pretender nada más. El tamaño era de unos 20 centímetros de largo. Mi paladar suplicaba una mordida, mis ojos lo hurtaban, pero no llevaba conmigo dinero. Tuve que dejarlo ir. 


sábado, 13 de julio de 2013

Untitled

Bogotá, Colombia
Ram Duque
Colectivo Nelumbo Lucifera

Lo veo caer y corro a buscarla para avisarle. Al encontrarla, tomo aire, pensando que la única forma correcta de contar esto es gritando, pero en vez del grito me salen palabras cortadas que no sé si entiende, y señalo hacia la ventana abierta.

Cuatro pisos abajo está el cuerpo, boca abajo, entre la hierba, muy lejos del edificio. Empiezo a preguntarme cómo pudo llegar tan lejos y mi cabeza se llena de teorías sobre el salto. Estaba seguro de que lo conocía, pero ahora una parte de mí se pregunta de quién es ese cuerpo. Su rostro se parecía al de un antiguo compañero de trabajo, pero era al tiempo distinto, con cierto parecido a mí. En un instante la habitación está llena de personas gritando, angustiadas. Me siento obligado a lamentarme también, pero me detengo al notar que mis palabras suenan falsas y solamente servirán para que sospechen de mí (La posibilidad me aterra).

Empiezo a pensar que puedo ser un buen reemplazo, y me gusta la idea. Ignoro los gritos y me siento en su cama a regañar a los gatos. Los amenazo con una chancleta pero ellos no dejan de pelear, con sus uñas afuera. Giran entrelazados sobre la alfombra y se van haciendo más jóvenes y chicos.

Dos gatos grises, hermanos.




martes, 9 de julio de 2013

ABRAZADO A TUS HUESOS


México, D.F.
Surya Lecona Moctezuma
Colectivo Nelumbo Lucifera


Y ahí estaba Miguel vestido frente al espejo con su moderno delantal. En la cama reposaba María el desayuno. Luego el terremoto sacudió ese pensamiento que los unía todas las mañanas con el record de "52 años de casados" galardonado con tres hijos y trece nietos.

Cinco décadas y dos años atrás habían acordado en el altar que él prepararía el desayuno, pero ella cocinaría la cena. Acostumbraban cenar a las siete de la noche. Fue hasta que Miguel enfermó y el gastroenterólogo le prohibió las cenas. Todas las mañanas se preguntaba por qué su mujer no podía ayudarle con el desayuno, pero nunca se lo dijo. Ella al contrario pensaba, dando gracias, sobre la generosidad de su esposo, pero tampoco nunca se lo dijo a Miguel.

Ese día frente al espejo, inamovible, Miguel lleno de rencor se resignaba mientras María lo jalaba de un brazo, tratando de convencerlo de salir a un lugar seguro porque el temblor no cedía. Él no escuchaba. Ensimismado volteó y le dijo; -Mujer, prométeme que de ahora en adelante me ayudarás a cocinar el desayuno.

Ella con lágrimas en los ojos comenzó a convulsionarse por el susto de ver los cristales romperse, las columnas colapsarse y escuchar cómo gruñía la casa. Pero no quiso dejar a Miguel. Sus hijos ya adultos estaban por quedarse huérfanos cuando Miguel reaccionó y abrazó a su mujer que ya estaba sufriendo un infarto.

-María no me dejes, prometo no romper ese juramento que te hice frente al altar.

Segundos después una viga de madera cayó sobre ellos. Cumpliéndose hasta la muerte su promesa después de 52 años.



Coda


Una noticia que leí el día anterior, sobre el descubrimiento en Mantúa, Italia de los restos de una pareja que yacía desde hacía más de cinco mil años abrazados y el temblor que me sacudió de la cama fueron ambas las circunstancias evocadoras de mi sueño.

La imagen impactaría a cualquier enamorado primerizo que dijera amar a su motor de vida.

Y es que, los huesitos metacarpianos, parecían tejer un idílico corazón con sus brazos calavéricos y acariciándose mutuamente la clavícula y el omóplato, lograban transmitir una entrañable sensación de empatía a los arqueólogos que hallaron sorprendidos, ilusionados y orgullosos la escena dramática como si hubiesen encontrado restos de felinos bicéfalos extintos con la Atlántida.

Mi sueño me evocó una escena de ancianos, pero los expertos aseguraron que eran jóvenes por el impecable estado de sus dientes. Quizá porque mi hemisferio izquierdo no alcanzó a retratar las perfectas mandíbulas y sólo delineó la posición de los restos que ya eran escasos para ornamentar la historia.

Los amantes de Valardo, inspiraron también la melódica y melosa composición de Pedro Guerra "5 mil años".



Hoy leí también bastante sobre los trovadores de protesta de los años cincuenta y terminé escuchando "Il fiume di sand creek" de Fabrizzio di André, que narra la historia de los niños y mujeres que duermen en el fondo del rio Sand Creek; por causa de una evidente muestra de discriminación racial a los más de 500 indios Cheyennes asesinados el 29 de noviembre de 1864 que acampaban a un costado de Colorado cuando llegó un siamés de Hittler, el Coronel John Chivington gritando "Maldito aquel que simpatice con los indios, he venido a matar indios!



Desde siempre la música y la historia han tomado el te en la misma esquina y se encuentran a cada vuelta del año sin necesidad de que sea bisiesto.

Les deseo sueños de oro, amorosos leyentes, y que nos escarapele de nuevo el alba.