México, D.F
Surya Lecona
Colectivo Nelumbo Lucifera
- Le he dicho que no está a la venta
- ¡Pero está en exhibición!
- Usted me disculpará. Pero ese mango es lo que comeremos durante la semana mi familia y yo.
Al salir de la miscelánea comenzaron a lloverme ideas macabras para conseguirlo. Podría hurtarlo, lo más sencillo, podría comerlo a escondidas detrás de los anaqueles, pero entonces...
Durante la conferencia sólo pensé en aquel mango, era el mango más dulce del mundo, el más encantador, fue en su momento el más cotizado del mercado. Muchos se dieron por vencidos, muchos como yo, tramamos aún el rapto.
La conferencia se alargó una vida, comenzaba a olvidarme de mi mango, a dejar de extrañarlo, de cerrar los ojos y saborearlo, comencé a dejar de buscar en mis rincones cómo seducirlo. La conferencia me estaba matando, entraba en letargo, en suspensión. Mis brazos abrazan algo en forma de sandía, pero no podía ya recordar lo que era ni su sabor, estaba a punto de olvidar que tuve en mis manos el mango más exquisito de la historia, el más dulce, el más grande e infinito.... Inasequible.
Coda
Quizá será que algunos estudios del sueño sean ciertos, hayan atinado o simplemente coincidencia. Al día siguiente de mi mango, encontré uno en un mercado, así, caminando sin pretender nada más. El tamaño era de unos 20 centímetros de largo. Mi paladar suplicaba una mordida, mis ojos lo hurtaban, pero no llevaba conmigo dinero. Tuve que dejarlo ir.
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